
A mí que me digan lo contrario, pero para ser una estrella de rock no son necesarios muchos requisitos, pocos más bien, uno solo realmente: Nacer siendo un mito. Si tienes eso lo demás esta cantado. O tocado. Si naces mito, el arte, la chulería, el desparpajo y la desfachatez para ganar millones te sale sola desde chiquito. -¿Y tu chaval que quiere ser de mayor? -Leyenda viva, dice.
El resto es pura moda, que si carretera que si grupis que si sexandrogsanrocanrol y que si hostias.
Pero fijo, para ser Mick Jagger tienes que nacer mito, y para ser, digamos, por ejemplo, Melendi, pues tienes que nacer, que ya es un señor esfuerzo. Es el abrumador abismo, amigos, entre mitología y chochez. Musicalmente hablando.
Aun con todo, el camino para darse un garbeo por el firmamento roquero universal, a los 17 años se te antoja fácil, asequible al ciento por ciento tanto como una excursión a la granja-escuela donde lo único indispensable es estar a tu hora en el autocar, con lo autorización de tus padres firmada y pringadita de grasilla del bocata y en mente bien presente el pacto y concienzudo plan elaborado junto a tu compañero para ligarse a la de la primera fila y a la repetidora respectivamente. Y ciertamente, ¿no es eso es el rock? Un buen plan de colegas para ligar en la excursión.
Luego te nacen las ideas. Los planes Be, y los Ce y hasta los Uve doble. Y decides montarte una banda de rock, con un par…Con un par de amigos, se entiende.
¿Y qué necesitas? Lo mismito que necesitabas para la excursión: Un autocar, que en este caso cambia por un local para poder meter ruido. Una autorización, que en este caso cambia por un préstamo o regalo para adquirir equipo. Y un plan: que en este caso no cambia. Ligar. Que el discurso de las inquietudes artísticas está muy bien para conseguir financiación, pero, vamos, que entre bomberos ya nos hemos visto las mangueras, a quien vamos a engañar.
Hasta aquí todo más que sencillo, tienes una banda y eres supercool en tu barrio. El autocar arranca de maravilla, el paisaje es de lo más chulo, estimulante y evocador, y lo mejor de todo, el plan funciona.
¡El firmamento! el firmamento esta ahí…lo ves, lo sientes, ¿a qué huele el firmamento? Lo sabes, sabes a qué huele porque crees tenerlo irreverentemente cercano a tus napias, es el aroma del éxito, de la fama, ¡fortuna y gloria, Dr. Jones! Tiene el aspecto del lujo y del glamour.
Ensayáis cada día, componéis temas comprometidos y muy roqueros de la nueva onda, perfeccionáis vuestra técnica, nuevos platos para la batería, ¡mira que ampli trona-vecinos me he comprao! Diseñáis carteles de promocion, petáis los garitos, salís en la radio local. Los findes de bolo se pasan en un Jesús entre la adrenalina, el sudor y los aplausos empapados en cerveza y tabacazo. ¡Otra, otra, otra! Los diecisiete quedan atrás, la adolescencia queda atrás.
Y llega el día que el autocar va pinchando rueda por rueda, el batería que se echa novia, la importancia de los estudios del cantante, a vivir a tomar por culo que se va el guitarra.
El plan ya no funciona.
Queda todo como un hospital robado.
Solo canciones para el olvido y equipos en la casa de empeño.
La hoja de expresiones que muestro arriba es de un personaje que diseñó “Sergio Efe el Jefe”
como protagonista del proyecto de animación que estamos preparando, en el que trataremos de hacer humor sobre toda esta serie de altibajos emocionales, vicisitudes y escenas varias de anecdotario ficticio pero verosímil del mundo del rock. El resto carteles diseños de bandas reales. Reales y muy cercanas.
Y ahora mismo voy a preguntarle a Sir Mick Jagger que neumáticos llevaba su autocar.

Mens sana in corpore sano. Y no está sacado del Lorem Ipsum, sino que lo decía Juvenal, que era un tipo al que le gustaba decir cosas. Dichas a la sazón con vistas a que en el avance de los siglos los profesores de Latín se sintieran realizados frente a sus alumnos/nas de segundo de BUP.







Cada año, y cada vez más pronto, cuando se acerca tan callando, amenazante y peligroso el triste solsticio de invierno, se presentan ante nuestras coloradas narices las fiestas natalicias, harto 










Pulula (con perdón) por ahí, una chanza anecdótica común generalizada entre todos los dibujantes/as, animadores/as y demás artistos/as de la rama del lapicismo, y tengo la absoluta certeza de que la habréis experimentado o, como mínimo, escuchado de boca o de boquilla de algún allegado, al menos en una ocasión de vuestras coloridas vidas. ¡oh! amigos todos del noble arte del trazo. La representación dramática de la misma sería a grandes a rasgos algo como esto:







